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miércoles, 6 de marzo de 2013

LOS TELEFONISTAS Y LA MODERNIZACIÓN



Miguel Ángel Lara Sánchez

Presentación

El presente material resume las principales transformaciones que en la actualidad recaen sobre los trabajadores telefonistas, es decir, sobre su persona, su modo de trabajo, el entorno laboral en que descansa su actividad y que le afecta directamente, así como la relación que guarda con los mecanismos de trabajo y los nuevos tipos de mercancías y servicios, demandas todas ellas del proceso de automatización que se apoya en la microelectrónica, la computación y los sistemas digitales en la telefonía. 
Los resultados expuestos en el presente folleto son fruto de una investigación sobre las nuevas tecnologías en Teléfonos de México, S.A. de C.V., que se hiciera a fines de los años ochenta del siglo anterior y coaadyuvaron a la fijación de la táctica de los telefonistas ante la revolución de su proceso laboral.

En esta ocasión exponemos a ustedes un resumen general de lo relativo a las consecuencias de la nueva tecnología sobre los telefonistas y posteriormente publicaremos por separado los grados de afectación en cada sector: operadoras, técnicos, administrativos y trabajadores de redes.
Considerada en su conjunto, la telefonía presenta en la actualidad un alto grado de automatización. Hace más de 70 años que dejó de regirse bajo formas de trabajo típicamente manuales y de entonces a la fecha su historia es la historia del desplazamiento gradual de la mano de obra de cada uno de los actos productivos por los mecanismos mecánicos, electromecánicos, y ahora digitales y computarizados.
Siendo el proceso de conmutación el núcleo principal del sistema telefónico, es aquí donde con mayor intensidad se presenta la maquinización del sistema.[1] En torno a él giran los restantes segmentos del proceso de trabajo en la telefonía como procesos accesorios y complementarios tales como el tendido de líneas, instalación de postes, equipos de medición, de pruebas, mantenimiento de aparatos telefónicos, etc., así como los variados procesos administrativos, contables y comerciales.
Por tanto, donde la automatización ha alcanzado su mayor desarrollo, es donde se manifiestan más acusadamente sus efectos sobre los trabajadores. En los procesos laborales complementarios de otros departamentos se asocian tanto las consecuencias  de la maquinización como las penurias de las formas manuales de trabajo, las semiautomatizadas y las regidas bajo sistemas de racionalización extrema del trabajo. sin embargo, en la actualidad son pocos los procesos laborales parciales que son completamente ajenos a los efectos de la actual fase de la automatización basada en la microelectrónica y la computación, por lo que las consideraciones expuestas en los siguientes apartados tienen un rango general de incidencia.
  
CAPÍTULO I    MODIFICACIONES TÉCNICAS DERIVADAS DEL PROCESO ACTUAL DE AUTOMATIZACIÓN

1.- Simplificación y descalificación del trabajo
 Al aparecer los primeros sistemas automáticos de conmutación en la segunda década del presente siglo en México, la operadora fue radicalmente desplazada de las funciones de conexión y desconexión de los circuitos de los conmutadores manuales. El mecanismo automático ahora se agenciaba de los cordones y clavijas que operaba la telefonista y era él quien a través de sus engranes, flechas y registros accionaba tales instrumentos para permutar los impulsos electrónicos. Las operadoras fueron reacomodadas en otras actividades o trasladadas a localidades donde aún perduraba la conmutación manual, no sin presentar una fuerte resistencia ante las condiciones leoninas de su expulsión del proceso de conmutación.
Con los conmutadores automáticos surgió la central y con ella un pequeño número de técnicos que instalaban y le daban mantenimiento a los equipos, localizaban las fallas, las arreglaban y ajustaban en sus partes componentes para lograr la mayor calidad en la conducción de la voz y menor desgaste de sus elementos. Ahora la mano de obra es situada como un factor de trabajo accesorio y subordinado al mecanismo automático de conmutación, aunque conservando una pericia casi artesanal para conservar la máquina a punto. Los progresos ulteriores de los equipos automáticos durante más de 60 años han acabado de forma gradual esa pericia y habilidad de los técnicos; paso a paso han reducido su importancia en este segmento de la telefonía, tanto numérica como cualitativamente al simplificar su trabajo y descalificarlo.
Lo mismo aconteció con los técnicos de la conmutación privada, con los que atienden los equipos de larga distancia, con los del sector de Líneas al aparecer la transmisión por microondas en los años sesenta, con los oficinistas de Finanzas y Captación de Datos al mecanizarse la actividad, en fin, como todos aquellos sectores de telefonistas donde el maquinismo ha ocupado el papel principal en la ejecución del trabajo. La fusión de la microelectrónica con la computación perfeccionó el control automatizado del mismo acto productivo y llevó hasta sus últimas consecuencias el proceso de simplificación del trabajo. ocurre una eliminación casi completa del virtuosismo de los técnicos y su lugar lo ocupa el trabajo indiferenciado, simple, carente de toda especialización. Ejemplo de esto lo constituye el trabajo de mantenimiento de los técnicos del proceso de conmutación (Centrales Automáticas y Conmutadores) que con los equipos digitales se limita al mero cambio de tarjetas, es decir, de las unidades dañadas por otras, eliminándose la pericia para el ajuste de las partes movibles de los equipos electromecánicos; igualmente desaparece la búsqueda de las fallas, pues loso propios controles miniaturizados indican al trabajador la unidad dañada; desaparece el conocimiento técnico suficiente para la interpretación del lenguaje de la máquina a fin de localizar las fallas, así como la habilidad y creatividad para su corrección y mantenimiento general, posibilitándose que un obrero con un reducido grado de calificación pudiera ejecutar el llamado mantenimiento con los equipos actuales, guiado por estos últimos.
En otros sectores de la telefonía, aunque no encontramos el mismo grado de automatización anterior, sí se manifiestan estas transformaciones. Con las nuevas mesas de operadora para las llamadas de larga distancia con intervención del Departamento de Tráfico, los cordones, clavijas, llaves, teleboletas y otros instrumentos de trabajo de la operadora comienzan a ser absorbidos por tales mecanismos. Con la introducción de los sistemas de cómputo y sus respectivas terminales de captura y consulta de datos, en el departamento de 05 se eliminarán las tarjetas de abonado, la elaboración manual de estadísticas de dilación, el uso de numeroso material de papelería, por citar las actividades más conocidas de todo telefonista, encontrando una simplificación extrema del trabajo de los telefonistas de este departamento. Fenómeno similar se presenta con la computación en la oficina, que en su desarrollo elimina hasta el uso de la máquina de escribir por los procesadores de palabra e inclusive el papel como vehículo de información y conducción de datos.
Si el primer proceso de automatización desplazó a las operadoras de las funciones de conmutación entre los años veinte y treinta del siglo XX, ahora los equipos digitales y computarizados tienden a desplazar a los técnicos de las funciones de mantenimiento al constreñirle al máximo dicha actividad. Igualmente, en todos los lugares donde se introducen los sistemas computarizados no sólo simplifican las funciones del telefonista, sino que hasta los desplazan. Así pasó con el diagnóstico por computadora para los vehículos en el Departamento de Automotriz, con la supervisión automática de la inyección de gas en los ductos subterráneos y está ocurriendo en diversos departamentos administrativos.
Simplificación del trabajo, descalificación y expulsión del mismo por los actuales mecanismos automáticos, todos ellos confluyen y se dan la mano para reducir el volumen de personal ocupado en Teléfonos de México (Telmex). Son las causas de la reducción del empleo por automatización del sistema en niveles mayores y complejos, que no presenta la forma de expulsiones en masa, sino de estancamiento en la contratación de personal de nuevo ingreso –o en el mejor de los casos, de tasas muy reducidas- y reubicación del personal sobrante en otras actividades.

2.- Rompimiento gradual del obrero colectivo y de las formas cooperativas del trabajo
Una de las condiciones para la reproducción del capital en gran escala es el carácter colectivo del acto productivo, la asociación de comunidades diferenciadas de los trabajadores para la ejecución de los diversos procesos parciales de trabajo. La industria telefónica presenta un alto grado de colectivización del acto productivo; simplemente en Telmex se ha hablado de la existencia de hasta 63 departamentos (de acuerdo a la división general), pero al seno de cada uno de ellos existiendo un sinnúmero de divisiones y formas cooperativas a lo largo de todo el sistema. Conforme se desarrolla la maquinaria, se van rompiendo la gran variedad de trabajos específicos y enlazados uno del otro, siendo absorbidos la mayoría de las veces por los propios sistemas automáticos, cuando no disueltos definitivamente. Es el caso del departamento de Tráfico, donde “El renacimiento de la antigua división del trabajo entre las operadoras que atendían llamadas entrantes y otras que se encargaban de las llamadas salientes ahora se nos presenta como la disociación de los selectores por funciones[2].
En la actualidad, al casi desaparecer el mantenimiento de los equipos de conmutación se disocia el pequeño colectivo de técnicos. Se vuelve inoperante la existencia de los técnicos del distribuidor, desaparecen los ajustadores y limpiadores de equipo. En el departamento de Conmutadores Privados se borra la diferencia entre los técnicos que dan mantenimiento preventivo y los que realizan el correctivo, y conforme el mercado se nutra en su mayoría de conmutadores privados digitales, ocurrirá una recomposición de este colectivo de trabajadores para ajustarse a un trabajo más simplificado.
Ahí donde las pantallas y la computación en la oficina han hecho acto presente, se ha recompuesto la organización interna del trabajo y aunque no ocurren suspensiones completas de categorías o departamentos de trabajo, esto es así debido a la etapa de transición de una tecnología a otra en que nos encontramos, conservando Telmex los procesos manuales paralelos a los sistemas computarizados. Por tanto, el fenómeno más común que se presenta es la reestructuración y/o rompimiento de las formas cooperativas de trabajo, la apropiación por los nuevos equipos de la materia de trabajo y donde la automatización es de mayor alcance, un rompimiento de la forma típica de asociación colectiva de los telefonistas al seno de cada departamento que no se presenta en forma súbita y radical, sino en forma gradual, conforme se expande tal automatismo.

3. El control del proceso productivo

En aquellos procesos manuales de trabajo tales como los que se presentan en algunos sectores administrativos o en los departamentos que atienden la red exterior (Reparaciones, Instalaciones, Cables, etc.) el control que se ejerce sobre el trabajo está a cargo de supervisores, personal de confianza, auxiliares, rtc., es decir, de un cuerpo combinado de elementos humanos para la supervisión. Una persona vigila, por tanto, la actividad de otra: la del telefonista sindicalizado que realiza directamente el trabajo. Pero el control no termina aquí. También se encarga de la operación global del acto productivo, no sólo de su desempeño particular por trabajador, sino además, del total de telefonistas de un sector particular (una gerencia, el conjunto de cuadrillas o una sección de departamento, por ejemplo).
Pero también el trabajador ejerce funciones de control: el que aplica en la ejecución de su propio trabajo. Dentro de sus labores habituales, él organiza su tiempo productivo, decide qué tarea hacer primero (la sucesión de sus movimientos), elige la forma que más convenga al caso, los ratos de descanso, la forma misma de ese descanso –ya sea caminando unos pasos o intercambiar unas frases con el compañero más cercano, etc.-. Manos, pies y cerebro realizan una función coordinada a fin de ejecutar el trabajo con la intensidad adecuada y calidad necesarias, de acuerdo a la preparación y normas descritos por la empresa. Donde no hay injerencia alguna de la maquinaria como elemento principal, es el trabajador quien regula la intensidad del trabajo, su cadencia, la forma particular de ejecución y los tiempos de reposo, en un estira y afloja constante con el personal de confianza.
Pero ahí donde la maquinaria o el equipo son la figura central del acto productivo, la situación se invierte. Los trabajadores pasamos a depender de la cadencia y velocidad de operación de los mecanismos. Tal es el caso de los técnicos de Centrales, de Larga Distancia, de Conmutadores, Impresos, Secretaría General, Facturación y muchos otros. En este caso, los propios mecanismos son los que realizan el control sobre sus propios órganos y sobre la actividad productiva. En las centrales electromecánicas es el registro el cerebro de los equipos de conmutación; es él quien regula la marcha y los movimientos de los impulsos eléctricos a fin de conducir la voz de un punto a otro. Al trabajador se le relega meramente a las funciones de instalación, mantenimiento y ajuste de los mismos. En los sectores administrativos, maquinaria como las copiadoras tienen un alto grado de control sobre el proceso productivo. Bajo la forma manual, las copias con papel carbón dependen de  la ejecución de la secretaria o del oficinista; en la forma automática, es la copiadora quien realiza completamente el fotocopiado sin más intervención humana que la opresión del botón que activa el mecanismo. Lo único que se reserva al oficinista es el suministro de la materia prima: la tinta, el aceite y las hojas.
Conforme evoluciona la tecnología, se perfeccionan los elementos de control de la maquinaria. Dicho perfeccionamiento se revela en una diversidad de las funciones de control, que trae como resultado la especialización de un número creciente de mecanismos que vigilan, controla, dirigen y organizan el sistema de maquinaria en su conjunto. Así, en la conmutación telefónica los primeros registros se complejizaron con el paso del tiempo hasta llegar a constituirse de un sinnúmero de elementos y subpartes que perfeccionaron el control del proceso: analizadores que identificaban si el número marcado procedía de un aparato normal o de un conmutador privado, traductores, memorizadores, mecanismo de mando, etc.
Con la aplicación de los sistemas  de cómputo el control de la producción se perfeccionó aún más. Si con los mecanismos electromecánicos el hombre ha sido (y es todavía) desplazado de la transformación directa del objeto sobre el que recae el trabajo, de la operación de los instrumentos de trabajo para reaparecer incorporados en la maquinaria más potentes, veloces y eficaces[3], con las computadoras ocurre la apropiación de las funciones cerebrales tanto del trabajador como del personal que supervisa, dirige y organiza, es decir, el personal de confianza[4].  Veamos más de cerca este proceso.
Con la conmutación digital aparecen dos formas de control: En primer lugar, el que centraliza el mando de todo el sistema. Tal es el caso del sistema S1290 y del sistema central de cómputo de las instalaciones de Parque Vía, que controla la información de departamentos como Finanzas, Registro de Líneas y otras terminales existentes. Con la centralización del mando se logra la vigilancia sobre el conjunto del acto productivo, la dirección, la organización y supervisión del mismo. La segunda forma ha sido lograda con la invención del microprocesador (que constituye la pequeña pero muy potente computadora) y radica en el control de las partes del sistema, esto es, su redistribución interna que completa las funciones de control y dirección. Centralización y descentralización del mando, tal es la revolución operada gracias a la aplicación de las microcomputadoras al proceso directamente productivo.
En consecuencia, en la vigilancia y control sobre los mecanismos cada vez interviene menos el personal de confianza. La computación los va expulsando gradualmente –así como al personal sindicalizado- de las esferas productivas, naciendo una pequeña élite de programadores, analistas e ingenieros que monopolizan el conocimiento y la dirección sobre el proceso global. Asimismo, esas funciones que van orientadas hacia el control y vigilancia de los trabajadores –trátese de técnicos, oficinistas u operadoras- que realiza el personal de confianza también son absorbidas por los sistemas computarizados. A una persona se le puede burlar de su vigilancia, reclamar su dureza o llegar a un acuerdo negociado para interrumpir momentáneamente el trabajo. También se le puede acostumbrar a un ritmo determinado de trabajo. Pero con una computadora no es posible esto. Si indica el tiempo promedio en que se debe realizar un cambio de tarjetas de un equipo digital de conmutación o si cronometra el tiempo de operación al introducir datos en una terminal de computadora, no hay posibilidades de burlar su vigilancia. El control computarizado puede llegar tan lejos y ser tan minucioso y opresivo sobre el trabajador si así lo desean quienes programan sus funciones. Es, por tanto, una lucha constante entre el trabajador y la empresa; uno, por reducir la súper vigilancia y la otra, por acentuarla para eliminar los ratos de descanso a fin de convertirlos en tiempo productivo.
Por otra parte, al ocurrir la centralización del sistema bajo un solo mando, se da de manera simultánea la centralización de la vigilancia sobre los telefonistas. Este será el caso para los departamentos de centrales, conmutadores y 05 y es en la actualidad el de los operarios de las terminales, aunque sean parte del personal de confianza. En el caso del departamento de Tráfico este asunto es de vital importancia. En la actualidad existe tanto el control manual como el automático; el primero, a través del ejército de supervisoras y el segundo, mediante el monitoreo (usualmente llamado “control”). Este último se realiza en forma discontinua, a pausas, al grabar por un tiempo determinado la actividad de la operadora. Con las nuevas mesas de operadora y las centrales digitales de larga distancia se inserta un control electrónico susceptible de ser utilizado en forma continua y con una gran variedad de monitoreos, capaces de cronometrar hasta los movimientos más simples de la telefonista, como por ejemplo el tiempo promedio de respuesta de una llamada, de la marcación, etc.
Al introducir los distribuidores automáticos de llamadas se elimina el tiempo muerto que tiene la operadora cuando se encuentran saturadas las terminales. Este distribuidor, compuesto por una pequeña memoria, ordena la distribución de las llamadas, evitando así la saturación e incrementando la intensidad del trabajo. La supervisión manual, es evidente, cada vez va perdiendo terreno ante el control incorporado a las computadoras. En adelante, la lucha no será solamente contra el despotismo del personal de confianza y supervisores, sino además, contra las formas despóticas insertas en los mecanismos automáticos. Habrá de ser necesaria, pues, la confrontación con Telmex en el diseño específico de las funciones de vigilancia, monitoreo y control de tales mecanismos con el propósito de despojarlas de su carácter opresivo.
Por consiguiente, el control que ejerce el telefonista sobre la ejecución de su propio trabajo se va perdiendo al perfeccionarse el control automático y simplificarse las tareas. En el departamento de Tráfico esto ya se había perdido en gran medida porque la organización del trabajo cuida desde décadas anteriores el desempeño hasta de los gestos y movimientos laborales más simples de la operadora (como el de los dedos, los brazos, la visión o el lenguaje), de sus tiempos de ejecución y modo de operación. Con la computarización del proceso, esta racionalización extrema de la actividad laboral se perfecciona enormemente.

CAPÍTULO II   REPERCUSIONES SOBRE LOS TELEFONISTAS

Las fuerzas descomunales de la ciencia aplicada a la esfera productiva han provocado transformaciones radicales en la misma. La microelectrónica y la computación han posibilitado la apropiación de las facultades cerebrales del trabajador para depositarlas en los propios equipos. De por sí, al constituir el obrero un engranaje más de la maquinaria de conmutación se confisca su libre voluntad pues se somete a la cadencia, movimiento y velocidad de la misma. Con la microcomputación se diluyen los pocos reductos de voluntad que presenta el telefonista. Se confiscan asimismo procesos como el almacenaje, memorización, traducción, mando, selección e interpretación de datos. Se proporciona a la máquina un lenguaje específico para hacer posible la comunicación hombre-máquina, lo cual constituye una de las revoluciones operadas por dicha tecnología, pues con ello los sistemas de cómputo pueden ejercer el mando y control sobre el telefonista. En fin, es la apropiación de los últimos reductos de inteligencia del trabajador, el despojo de su capacidad de pensamiento, imaginación y creatividad productiva.
Un simple cambio de tarjetas en un equipo de conmutación elimina la autosatisfacción del técnico al reparar la falla y le somete a una rutina completamente pasiva; elimina la pericia y la sustituye por un trabajo carente de contenido. El uso de las pantallas acaba con los cambios periódicos de rutina, con la variedad de formas de trabajo e implanta un teclear monótono. Inclusive, fija al telefonista a un lugar específico de trabajo, eliminando de esa manera su relativa movilidad interna. Tal es el caso de los compañeros que actualmente operan las terminales (04, Oficinas Varias, secretarias y Quejas, por ejemplo),
Hasta el momento, los trabajos de mantenimiento en los equipos aún de partes mecánicas no son posibles de cronometrar. Presentan una infinidad de ejecuciones sucesivas, alternadas y combinadas; una variada serie de movimientos de observación y diagnóstico por el técnico que presuponen experiencia, habilidad y un conocimiento preciso de las partes componentes de los equipos. El desgaste de los materiales (contactos, flechas, relevadores, etc.) obliga a un permanente trabajo de ajuste y por otra parte origina combinaciones muy diversas de los desperfectos que sólo los años de trabajo permiten a los técnicos localizarlos y repararlos sin mayores contratiempos. Aquí el trabajador no puede ser sometido a un riguroso control y vigilancia. Lo mismo puede decirse de los telefonistas que se encuentran en los sectores administrativos, de los mecánicos, reparadores de aparatos telefónicos y muchos otros. Pero cuando aparece el control centralizado, el diagnóstico computarizado y el mantenimiento remoto, la situación cambia radicalmente.
 Los técnicos del sistema de conmutación recibirán del Centro de Operación y Mantenimiento la información de la posible unidad dañada y el tiempo promedio de reparación de la misma. Al final de la jornada, la computadora podrá tener al instante el cómputo global tanto de trabajo de un técnico como del conjunto de trabajadores.: en una sección del departamento o de todos sus integrantes; sus promedios de ejecución, tiempo efectivo laborado, producción por trabajador y tiempos muertos, por citar los más usuales. Es también el caso de los técnicos que dan mantenimiento a los cables subterráneos con la computarización de la inyección de gas.[5]
La computadora no sólo puede controlar tal actividad, sino además, seguir muy de cerca, casi a su sombra, los tiempos de operación del cablista. Ni siquiera un cuerpo muy numeroso de personal de confianza puede llegar a un control y cronometraje de los tiempos de operación de los técnicos de conmutación, de redes, de tráfico y oficinas al instante, simultáneo y tan exacto como tales mecanismos. El reinado de la habilidad y la pericia, de la regulación del mantenimiento por el trabajador comienza a llegar a su fin. Y con ello, de los tiempos muertos en que descansa y guarda para su persona. Se convierte en tiempo productivo, tiempo de mayor desgaste, de mayores movimiento que dejan gotas de sangre y de energía, que al final del proceso se convierten en fuente de regocijo, enriquecimiento y disfrute del Consejo de Administración de la empresa y de los funcionarios de Estado.
A propósito de los intereses de clase que se enfrentan con el proceso de automatización, es notorio que el control computarizado juega ahora un papel de primer orden. Con el desplazamiento gradual del personal de confianza por tales mecanismos, se desplaza asimismo la personificación del poder del capital de la empresa, y al no existir ese despotismo personificado, la buena marcha de los trabajos puede presentar perturbaciones. ¿Cuál fue la solución? Integrar ese poder en los sistemas de cómputo, reencarnar dicha personificación en tales mecanismos, pero ahora más perfeccionada y opresiva. Así como en las huelgas y los enfrentamientos cotidianos con la empresa el personal de confianza se enfrasca en una lucha por romper los lazos de unión con el objeto de dividir y debilitar los movimientos laborales y de romper la resistencia colectiva de los trabajadores, de la misma manera se insertan a voluntad del capitalista mecanismos y formas de trabajo que cumplen tal propósito. Con el control y mantenimiento centralizados, en un conflicto huelguístico la empresa resiste más tiempo; la paulatina reducción de la importancia del técnico para el mantenimiento de los equipos de conmutación debilita su fuerza.
Al perder el telefonista el control sobre la ejecución de su propia actividad con la simplificación de tareas y el control computarizado, por vez primera la empresa adquiere la capacidad para controlar a través de las máquinas los tiempos de asignación de cada tarea. Anteriormente ya había logrado implantar este modo de trabajo entre las operadoras, pero apoyándose en la vigilancia estricta y carcelaria de la supervisión manual. La resistencia individual del trabajador se debilita con esta forma de organización del trabajo, extendiéndose tal debilitamiento en más sectores de la telefonía con los sistemas de cómputo.
  
CAPÍTULO III     MODIFICACIONES BÁSICAS EN LOS SERVICIOS

El fin último para el cual trabajan más de 40 mil telefonistas (en el caso de Telmex) consiste en hacer posible la comunicación por vía telefónica, es decir, en cursar las llamadas de un punto a otro. Su función radica, por tanto, en producir llamadas; es éste el resultado que brota del tráfico telefónico, comúnmente llamado servicio que, al igual que el transporte, la acción del cantante o del profesor de escuela, no se corporeifica en algo tangible, pero que sin embargo está presente en todo momento como resultado final de la telefonía.
Claro que para hacer realidad la comunicación telefónica es necesaria la existencia de aparatos en cada negocio, fábrica o lugar habitable; de centrales telefónicas, conmutadores privados, directorios telefónicos, etc. A primera vista pareciera que la mercancía más importante que produce Telmex fuera la instalación de teléfonos y de líneas alámbricas, pero en realidad esta variada serie de equipos, aparatos y accesorios conforman los elementos indispensables para hacer posible las llamadas telefónicas. Más del 75% de los ingresos de esta empresa provienen de las llamadas de larga distancia (nacional e internacional), lo cual deja ver que aquéllos sólo constituyen los medios necesarios para la efectivización de éstas, aunque no por ello dejan de producir ganancias.
En sus inicios, la comunicación telefónica consistió en la conducción de la voz de un lugar a otro, fenómeno que todavía se repite, sólo que millones de veces al día, pero con importantes modificaciones. La primera de ellas radica precisamente en su cantidad; hablar de millones de llamadas cursadas en un día significa la existencia de una producción en masa que presupone el rompimiento de las barreras naturales de la producción manual por los potentes equipos de conmutación y la rápida velocidad de conducción de los medios de transmisión: líneas, microondas, satélites y equipo correspondiente. Es el reinado de la dominación del sistema maquinizado de la telefonía sobre los trabajadores, ya detallado líneas atrás. Por consiguiente, condición indispensable para la producción masiva del tráfico telefónico es la supeditación de los telefonistas al mismo, su carácter de apéndice de los equipos; allí donde éstos no son la figura central del proceso de conmutación, por ejemplo entre el departamento de tráfico, para la producción en masa es necesaria la existencia de un régimen de trabajo donde se desmenuzan, simplifican y cronometran las funciones de la operadora hasta la determinación de las más simples, eficaces y rápidas, con el objeto de lograr una racionalización extrema de sus movimientos y el máximo de intensidad del trabajo, donde la supervisión despótica y carcelaria juega un papel de primer orden para su cumplimiento. Sólo así la fuerza humana de trabajo puede responder a la exigencias de una producción de ese carácter.
Con la tecnología electromecánica ocurre una gran diversidad de usos y servicios, es decir, una sofisticación de las comunicaciones que van desde la llamada sencilla hasta sistemas buscapersonas, telefotos, marcación abreviada, etc. donde los sistemas privados de conmutación pasan a ocupar un lugar cada vez más importante. La aplicación de la microelectrónica y la computación en la telefonía provocan también transformaciones notables en las características de la comunicación. La primera de ellas es la integración de las telecomunicaciones en un solo sistema, lo cual repercute no sólo en la telefonía, sino que alcanza a toda una rama industrial,[6] hecho que perfecciona la calidad y diversidad de servicios, la simultaneidad de los trabajos, el control remoto de los servicios mismos y el mayor radio geográfico de acción de éstos con el uso de medios de transmisión más veloces como los satélites y la luz. Otra de las modificaciones más importantes consiste en la aplicación de tales servicios –la extensión de estas nuevas variedades de productos- o sólo en el campo de la producción y la circulación del capital sino además, cada vez con mayor intensidad en la esfera social y familiar.
Tales transformaciones recaen sobre el trabajador telefonista de diversas maneras: frente a servicios cada vez más complejos y sofisticados, la creciente simplificación de su trabajo; a mayor integración de las telecomunicaciones, mayor fragmentación y aislamiento de su actividad; frente al perfeccionamiento del control sobre el proceso productivo y del servicio en sí, la pérdida del trabajador sobre el control de sus movimientos laborales (cadencia, voluntad, pausas, etc.); a mayor integración mundial de la información y los conocimientos por parte de los grandes consorcios que pueden pagarlos, mayor desintegración del carácter colectivo del trabajo y mayor vaciedad de contenido de su actividad; a un perfeccionamiento mayor en la diversidad de la comunicación, mayor uniformidad del lenguaje de la operadora y a un empleo creciente de complejos miniaturizados de los cuales brotan procesos simultáneos y que cristalizan en servicios variados, mayor desempleo de brazos humanos. El enriquecimiento de cualidades y usos de los nuevos servicios se convierte, por tanto, en fuente de pobreza material y espiritual del trabajador. Tal es la lógica que rige la producción de la telefonía, presente en cada momento del proceso, en cada llamada cursada y en cada mirada fría de los supervisores.

 APÉNDICE

PROPUESTAS GENERALES ANTE EL CAMBIO TECNOLÓGICO

De las consideraciones anteriormente descritas sobre la fase actual del automatismo en la telefonía, se desprenden las siguientes propuestas:
 a)      Si la simplificación del trabajo intensifica la actividad de todo telefonista y la hace más productiva, es obvio que el rendimiento por hora se multiplica y las ganancias aumentan. Asimismo, el desgaste del trabajador, el abatimiento, la pasividad y la monotonía derivados del cambio tecnológico no sólo crean las condiciones técnico-productivas para la reducción de la jornada de trabajo a seis horas, sino que también económicamente hablando la hacen posible al crearse una riqueza tan vasta como en ninguna otra etapa de desarrollo hayamos encontrado. Por las consecuencias que recaen sobre el trabajador es absolutamente necesaria.
b)      En aquellos lugares que van asociados a un trabajo altamente intensivo y riesgoso para la salud, como lo es la operación de pantallas, el tráfico telefónico con intervención de operadora o el uso de mesas de prueba para las reparaciones en la red telefónica, es necesaria la implantación de tiempos de descanso durante la jornada.
c)      Tanto por los progresos tecnológicos que revolucionan el proceso productivo como por los nuevos riesgos de trabajo para el telefonista, la reducción de la jubilación a los 20 y 25 años sin límite de edad también se convierte en una necesidad insoslayable.
 II
            Como se detallara en la parte de fundamentación, la expulsión de brazos humanos del proceso de trabajo por el creciente y más perfeccionado automatismo conduce al problema del empleo como uno de los principales objetivos y causa que defender.
a)      Esto, que también se contrarresta con la reducción de la jornada de trabajo, exige además el uso de la comunicación integrada para la extensión y diversificación de los nuevos y variados servicios a escala social. De esta manera, los trabajos que se automatizan o desaparecen con la consiguiente reducción del número de telefonistas empleados, se compensan con las nuevas actividades creadas y brindan nuevos espacios para la ocupación de la fuerza de trabajo calificada y no calificada.
b)      En segundo lugar, aunque no por ello sea menos importante, es imprescindible la lucha por la reducción drástica del personal de confianza, ya que un buen porcentaje de las nuevas actividades que bien pudieran ser atendidas por los telefonistas que salen expulsados por las nuevas tecnologías, han sido absorbidas por ellos.

III  
La descalificación del telefonista por los nuevos procesos digitales y computarizados exige un replanteamiento de las tareas en los diversos niveles, a saber:
a)      El reclamo como propias del STRM de aquellas actividades donde se concentra la calificación que se le ha despojado al trabajador tanto de los nuevos equipos como de las actividades que ahora usurpa el personal de confianza. Tal es el caso de funciones como la programación de las computadoras.
b)      La capacitación a todos los telefonistas, sin excepción. Aunque no tengan una actividad directa en los equipos de nueva tecnología, todos tenemos derecho al conocimiento preciso, veraz, objetivo y completo de la revolución tecnológica de la cual somos protagonistas directos. Si presenciamos la llamada “era de la información” o la revolución en telecomunicaciones, los telefonistas deberíamos ser los primeros y mejor informados que cualquier otro sector social. Así, Telmex está obligada a instrumentar seminarios, pláticas, audiovisuales, videos, etc., esto es, a hacer uso de los propios medios de comunicación de que dispone para educar y capacitar a sus trabajadores.
c)      Asociada con la simplificación del trabajo, la descalificación del telefonista exige una modificación de la organización del trabajo a fin de combinar las tareas de ejecución con las de concepción. En otras palabras, lograr el legítimo derecho a que los trabajadores también participemos en la elaboración de los planes y programas de desarrollo de la telefonía, así como en las actividades de investigación, innovación y diseño de las nuevas tecnologías, lo cual implica el derecho del STRM a participar en los Centros de Investigación y Desarrollo o, en su defecto, a crear nuestro propio Centro de Investigación y Capacitación.
IV  
  Sin duda alguna, el control es uno de los aspectos de mayor relevancia que incide sobre la totalidad de las relaciones obrero-patronales.
 a)      La primera de ellas es la referida a la lucha por la abolición del control computarizado sobre el trabajo en sus más diversas modalidades. Monitoreos, cronometrajes, grabadoras, registros, en suma, todo lo que implique el control del trabajador a través de máquinas debe ser eliminado. Además, la abolición del régimen carcelario de supervisión manual que impera en el departamento de Tráfico debe ser abolida sin miramientos.
b)      Aún lográndose lo anterior, a Telmex le quedaría otro camino para controlar –incluso minuciosamente en variadas ocasiones- nuestra actividad laboral, mediante el control y la regularización de la producción misma. Basta con introducir programas, por ejemplo, en las computadoras que por la intensidad del trabajo a la que operen reduzcan los tiempos muertos del trabajador para convertirlos en tiempo productivo, con el consiguiente reforzamiento del control y el deterior físico e intelectual del telefonista. Por consiguiente, también es de destacada importancia la participación de los telefonistas sindicalizados en la elaboración de los programas y en la operación de los mecanismos de gobierno de los nuevos equipos, situación que también posibilita el acceso de los trabajadores en la regulación de la cadencia y las velocidades de operación de la maquinaria.
c)      Pero esto no se logra del todo si no se añade la facultad del STRM para dar el mantenimiento a los equipos de nueva tecnología.
 V
            Incrementos descomunales en la intensidad y la productividad del trabajo deben corresponderse con aumentos salariales proporcionales a éstos y con aumentos mayores en la tasa del reparto de utilidades a los trabajadores. Los criterios mezquinos y usureros del Consejo de Administración de Telmex deben ser sustituidos por una política salarial a la altura de la modernización que tanto pregonan.

VI
Con las nuevas tecnologías se modifican las condiciones de  trabajo. del ruidoso accionar de los selectores y registros en las centrales, al mudo accionar de los elementos transistorizados y la consiguiente acentuación de la monotonía y la pesadez en el trabajo; de la intermitente señalización en las posiciones de operadora a la luz uniforme de las pantallas de video y con alto riesgo para la visión, por citar un ejemplo.
a)      Todo esto genera nuevas enfermedades profesionales que se suman a las penurias de las ya tradicionales entre los telefonistas, ante lo cual debe comenzarse de inmediato el estudio crítico de las mismas, apoyándonos en instituciones de educación superior ya que éstas muestran más objetividad en su línea de investigación.
b)      Entablar una lucha político-jurídica con el objeto de modificar la Ley Federal del Trabajo para la inclusión de las enfermedades de los telefonistas como profesionales.
c)      También debe transformarse el carácter de la actual Comisión de Higiene y Seguridad para constituirse en un organismo que tenga a su cargo el tratamiento globalizado de las condiciones de trabajo, y con asesoría especializada.

VII
El rescate de la materia de trabajo sustraída al STRM mediante la diversificación de los servicios tales como la comunicación satelital, la telefonía rural a cargo del Estado, el correo electrónico, sistemas de video y teleconferencias, facsímil, etc.
 
VIII
La realización de foros sobre nueva tecnología a escala nacional e internacional con participación directa de los departamentos.

IX
La dedicación de esfuerzos en la creación de una Federación Internacional de Sindicatos de las Telecomunicaciones.

X
Propuestas de carácter social. Ampliar los servicios integrados producto de las nuevas tecnologías al grueso de la población con el objeto de hacerla partícipe de las ventajas que reportan. Combatir a través de estos medios la desculturalización provocada por la penetración de las formas ideológicas del imperialismo, principalmente del norteamericano, preservando nuestros valores históricos y culturales propios. Asimismo, la extensión de la comunicación integrada a la medicina social, la educación, la cultura, el arte y la recreación.


CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE LOS TRABAJADORES TELEFONISTAS[7]
Febrero de 1988



[1] El proceso de conmutación comprende el conjunto de mecanismos que concentran las líneas de los abonados (usuarios) y que permutan las señales de un punto a otro. Estos pueden ser conmutadores privados, centrales  telefónicas: locales, de larga distancia o de tránsito, entre otros.
[2] Véase El Proceso de Trabajo en la Conmutación Telefónica. Enero de 1986, p. 13
[3] Por ejemplo, la conmutación automática desplazó a la operadora del manejo de cordones y llaves para operarlos el conmutador mismo, sólo que más potentes y numerosos.
[4] “… todo posible trabajo cerebral debe ser removido del taller y concentrado en el departamento de planeación y diseño”. Taylor, F. Principios de la Administración Científica.
[5] En el caso de los mecánicos no se presenta tan avanzado el cronometraje de sus funciones, pues la computadora diagnostica y las empresas contratistas reparan. Pero aquí se manifiesta con nitidez un fenómeno peculiar: el mecanismo se le enfrenta con su competidor, preciso y conciso. Por tanto, el mecánico se ve obligado a incrementar la intensidad del trabajo por esa competencia manifiesta.
[6] Claro que esto es así, de acuerdo al estudio aquí tratado. Pero en realidad constituye una revolución en el proceso de trabajo que trasciende los límites de la producción y circulación del capital hasta repercutir en la mayor parte de la vida social (la educación, la familia, los servicios asistenciales, la recreación, etc.).
[7] Imágenes de Naranjo y otros caricaturistas. Ideas y collage de Poncho Coyote.  

Las operadoras y la automatización



  
Miguel Ángel Lara Sánchez

Prólogo

El presente material fue escrito en septiembre de 1987 en su primera edición. Eran tiempos en que se estaban definiendo los trazos de las futuras telecomunicaciones en nuestro país y en que particularmente Teléfonos de México había decidido acelerar la sustitución de la tecnología electromecánica por la digital. Para el caso del departamento de Tráfico, donde se alojan las operadoras, también decidió cambiar el modo taylorista de trabajo con la introducción de posiciones digitalizadas, lo cual las puso en la antesala de la transformación tanto de su proceso laboral como de sus condiciones de trabajo. Obviamente, para Telmex, que para ese entonces ya se encontraba fraguando su privatización y desregulación, constituía un momento propicio para reducir sustancialmente la plantilla de operadoras. Y así se lo propuso al Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana.
En consecuencia, se abrió un período de transición que culminaría en los primeros años de la década de los noventa del siglo anterior donde las operadoras tuvieron que negociar con Telmex toda su relación laboral, mientras de manera simultánea se sustituía la tecnología electromecánica por la digital en las posiciones de operadora. Este material data de ese período y tuvo como propósito el análisis del proceso de trabajo que estaba por cambiar, así como la fijación de las principales transformaciones que ocurrirían en el futuro inmediato a fin de situar los principales ejes de negociación que dicho cambio ponía sobre la mesa.
Retomamos para su publicación la segunda edición que salió a la luz en el primer trimestre de 1989, justo cuando se abrió el proceso de negociación en prácticamente todos los departamentos que integran el Sindicato de Telefonistas.

Introducción

Los telefonistas hemos presenciado desde hace diez años una continua revolución tecnológica sin precedentes, tan importante como la operada en la segunda década del presente siglo, al automatizarse por primera vez la conmutación manual. Desde la inauguración en 1979 de la primera central digital en Tláhuac, D.F., todo mundo observa atentamente, esperando el momento en que la computación y la microelectrónica lleguen a su lugar de trabajo.
Los sismos de 1985 aceleraron el cambio tecnológico en Tráfico y con ello adelantaron la presencia de sus lastres en este sector. La sustracción de la materia de trabajo, la implantación de controles automáticos, el incremento descomunal de la velocidad del tráfico telefónico mediante las centrales digitales de larga distancia, la simplificación del trabajo, etc., todo esto ya es una realidad presente entre las operadoras, de la cual es necesario un examen cuidadoso con el objeto de valorar adecuadamente tanto la magnitud del cambio como las consecuencias del mismo sobre las operadoras y sobre su modo de trabajo.

I     Evolución del cambio tecnológico

Hasta antes de la década de los años veinte, la telefonía se basaba en la conmutación manual con intervención de la operadora. Eran ellas el agente principal sin el cual la comunicación era imposible de establecerse; por tanto, la llamada telefónica dependía del factor humano, de su habilidad y destreza, de su voluntad, rapidez e intensidad con que operaba los instrumentos de trabajo. Pero con la aparición de los relevadores es que pudo lograrse la creación de un mecanismo automático de conmutación que se deshacía de la operadora para su funcionamiento. En consecuencia, en los años veinte, que es cuando las compañías telefónicas más importantes lo ponen en marcha –la Ericsson y la Compañía Telefónica y Telegráfica Mexicana-, presenciamos la primera expulsión masiva de la fuerza de trabajo mediante la liquidación o la reubicación de las operadoras a otras poblaciones con menor grado de desarrollo y en condiciones leoninas, lo cual elevó el conflicto hasta las autoridades del Trabajo de aquel entonces.
El tráfico local de las principales ciudades se automatizaba, pero la conmutación manual proseguía tanto en las restantes ciudades y poblados como en el tráfico de larga distancia. Es hasta la década de los sesentas cuando ésta se automatiza, absorbiendo las nuevas centrales de larga distancia una parte importante de sus funciones. De esta manera, a lo largo de más de 50 años la telefonía ha tenido su asiento en las centrales electromecánicas y electromagnéticas, es decir, en mecanismos de movimiento mecánico movidos por impulsos eléctricos o magnéticos. Tales impulsos, que conducen la voz desde un punto a otro, se han basado en la conexión y desconexión
de partes metálicas las cuales hacen las funciones que realizaban las operadoras.
Las centrales automáticas así desarrolladas para el tráfico local ahora se convierten en el agente principal de la conmutación. Ya no es el elemento humano la figura determinante de dicho proceso, sino ahora un mecanismo inanimado que se vale de un pequeño número de técnicos para su mantenimiento y corrección de fallas. Pero este pequeño destacamento de telefonistas ahora se encuentra subordinado a la marcha de la central; es su apéndice.
Si esta fue la suerte del tráfico local, ¿entonces de qué manera evolucionó la situación de las operadoras que quedaron concentradas para el tráfico de larga distancia? Una versión resumida la tenemos en el documento sobre Tráfico que se deriva del Programa Intensivo para el Mejoramiento del Servicio (PIMES).[1] Para 1970, el 73% de las llamadas nacionales eran atendidas por operadora; en 1975 bajó al 42.5%; en 1980 descendió aún más al 21.4% para llegar en 1986 al 10.5%. En el caso del tráfico internacional, cuya automatización data de 1970, nueve años después casi el 40% de las llamadas eran manuales; en 2985 se redujo al 10% y en 1986 disminuyó al 7.8%.
Pero a pesar de la paulatina reducción de las conferencias telefónicas cursadas de manera manual, el volumen de operadoras contratadas es significativo, ya que todavía a pesar de que una llamada se realice en forma automática, la operadora tiene que intervenir en acciones tales como el auxilio en la facturación o la investigación de cobros indebidos. En la actualidad (septiembre de 1987) tanto el tráfico nacional por operadora (10.5%), el internacional y mundial (7.8%) como las actividades accesorias que se derivan de las llamadas de larga distancia (LD), está apoyado en el trabajo de 11,839 operadoras. ¿Cómo lo realizan? ¿Mediante qué tipo de instrumentos de trabajo? ¿De qué manera se organizan y con qué técnicas lo hacen? Todo esto es necesario de analizar a fin de tener una comprensión cabal del impacto de la modernización, así como de la magnitud de las consecuencias sobre las operadoras. Veamos su modo particular de trabajo.
  
II     Rasgos fundamentales del proceso de trabajo en Tráfico

Aunque todos los telefonistas laboramos para el mismo fin, la conducción de la voz de un lugar a otro, cada uno de sus segmentos, secciones o departamentos cumple con una función específica, a saber: los de servicios, en el acondicionamiento óptimo de las instalaciones para su uso; los oficinistas, en el procesamiento de datos administrativos, contables y financieros; los trabajadores de redes, en la instalación y mantenimiento de los medios de transmisión entre el usuario y la central telefónica; los técnicos, en el dimensionamiento, instalación, ajuste y mantenimiento de los equipos de conmutación y sus accesorios; y las operadoras, en el tráfico de las llamadas.
Pero frente al resto de los telefonistas, el trabajo de ellas tiene una cualidad que las distingue: su producción inmediata es masiva, es decir, la cantidad de llamadas que cursan de manera simultánea alcanza los cientos de miles al día, considerando a la totalidad de las operadoras en el país, lo cual ningún otro sector de telefonistas realiza, por muy numeroso y productivo que sea. Pero justamente esta peculiaridad ha llevado a los analistas de la producción –verdaderos vampiros del trabajo- a implantar un modo especial de trabajo, único en Teléfonos de México, para las operadoras que vaya acorde con  la producción en masa de las conferencias, el cual resumimos a continuación:
Bienvenida a nuestra Empresa. Eres un engranaje de esta empresa, tú vives de ella y ella vive de ti. ¡Adelante![2]

Con una invitación tan sugestiva y al grito de “El servicio es primero”, la operadora comienza su período de instrucción y también de entrega de sus facultades pensantes y corpóreas como mero engranaje de un mecanismo inanimado. La primera lección consiste, pues, en ubicar su condición de fidelidad y subordinación a los intereses “del servicio”, aún a costa de su vida misma y señalar sin cortapisas la fuente de poder y riqueza del consorcio telefónico. Es el anuncio por anticipado del régimen de explotación a que se verá sometida, así como de la magnitud e intensidad de su entrega a los brazos triturantes de la forma peculiar de producción que las distingue: el taylorismo.[3] “En el conmutador cada segundo cuenta”, le advierten por anticipado. Crucemos el umbral después de tan cruda bienvenida.
Al llegar al conmutador, la operadora tiene que llevar ya puesto su instrumento de trabajo principal: la diadema, con lo que sin mayores obstáculos entra lista para atender las llamadas. Mientras la compañera a la que suple se retira de la posición por el lado derecho,[4] aquélla lo tiene que hacer por el lado izquierdo, efectuando el movimiento “en el más mínimo de tiempo, evitando así interrupciones” y procurando situar su silla alineada con las restantes. Hecho esto, comienza a emplear sus instrumentos vitales, los cordones y las llaves, de izquierda a derecha con el objeto de que el desgaste de los mismos sea similar. Desde este momento, tiene la obligación de tomar las clavijas de los cordones con los dedos índice y pulgar por la cubierta lo más cercana a la base y con el lápiz siempre en la mano, “la llave en posición de hablar y en la mano derecha un cordón a fin de contestar sin pérdida de tiempo cualquier señal”, para lo cual no debe perder de vista el cuadro conmutador a fin de atender de inmediato al usuario. Una vez anunciada la llamada, introduce de un solo movimiento la clavija en el jack correspondiente y entabla la comunicación con el usuario A mediante el uso de un lenguaje predeterminado y uniforme, el cual indican los manuales de instrucción y operación. Si al mismo tiempo va a desconectar un cordón situado cerca o en el circuito a conectar, con los dedos meñique y anular toma la clavija, girando la mano hasta quedar en posición adecuada para regresar posteriormente el cordón desconectado a su lugar.
Después de recibir el número del usuario B, la operadora toma otro cordón y lo conecta a un circuito libre a través del cual se comunica –marcando el número en el disco-, con la operadora de la central distante, proporcionándole la información para llamar al usuario de destino. Una vez establecida la comunicación, se sirve de otro tipo de instrumentos para medir el tiempo de conversación (como arandelas y anillos) y desde que establece la comunicación con el usuario A, simultáneamente comienza a llenar un pequeño reporte llamado teleboleta con los datos necesarios a fin de facturar la llamada, o bien, mientras esto sucede, establece una nueva comunicación.
Con esta apretada exposición que sólo tiene intervalos de 15 segundos en cada llamada, reluce el notable control que tiene la empresa hasta de los movimientos más insignificantes de la operadora. Por principio de cuentas, notamos un desglose de los movimientos del brazo, la mano y los dedos hasta llegar a la predeterminación de los más simples y eficaces, indicando en los instructivos los más adecuados y que ocupan el menor tiempo de ejecución y supervisando su correcta realización a través de la Auxiliar de Jefe, quien funge como agente del capital. Al mismo tiempo reluce la forma preestablecida más idónea para el uso de los instrumentos de trabajo de que se vale la operadora.
Este desglose de sus gestos laborales hasta la determinación de los tiempos mínimos de ejecución también se encuentra con la misma escrupulosidad en el control de su lenguaje. A través de la llamada fraseología se determina su comportamiento laboral ante el usuario, ante la operadora distante o el usuario B (en caso de tener un proceso semiautomático), frente a las supervisoras y sus compañeras de igual condición. En fin, es el control de su lenguaje durante todo el tiempo que dura la jornada laboral, reducido a las expresiones más breves y estandarizadas con el objeto de lograr un lenguaje común que ocupe el mínimo de tiempo evitando toda distracción de la fuerza de trabajo.
También en el conmutador cada segundo perdido por una visión incorrecta de las señales o contactos significa una pérdida de beneficios para la empresa. En consecuencia, la operadora “debe observar continuamente el múltiple y tablero de llaves cuando esto no interfiere con las operaciones que está efectuando, formándose el hábito de no perder de vista las señales de supervisión y continuar con su trabajo”, atendiendo las señales consideradas como prioritarias (supervisión, de emergencia, de gobierno, etc.). Por lo tanto, el régimen laboral en el Departamento de Tráfico impuesto por Telmex llega hasta el dominio de los órganos visuales de la operadora, de su dirección e intensidad.[5]
Esta explotación intensiva de la operadora está inspirada en la concepción taylorista de la organización y ejecución del trabajo, que también en este caso llega hasta el empleo de la “única mejor manera” y de los únicos mejores instrumentos de trabajo para una actividad sin descanso: cordones uniformes, boletas previamente diseñadas para su mejor procesamiento por las máquinas de facturación, posiciones de operadora donde ésta se encuentra siempre en posición de respuesta ante la señalización debido a que por su diseño no puede estirar los pies para relajar su tensión laboral y mejorar su circulación sanguínea, sirviéndole de complemento un tipo de sillas que predisponen la columna vertebral y ésta al cuerpo para evitar el reposo y los tiempos muertos.
Por tanto, este modo intensivo de racionalización del trabajo ha llegado a tal punto que los órganos de los sentidos (excepto el olfato y el gusto) han sido completamente regulados y confiscados a la opreadora para su empleo lo más productivo e intensivo posible. Aquí la afirmación de que uno se alquila a la empresa no es una simple frase; es una realidad cruda que se apropia hasta de los gestos y movimientos más elementales del trabajador para incorporarlos todos a la ganancia capitalista; la visión puesta en el conmutador para atender las señales de inmediato; los brazos, en posición de actuar; las manos, listas con el lápiz, el cordón y la teleboleta; los oídos, prestos a lo que se anuncie en la diadema; los dedos, ya acostumbrados al tecleado sin necesidad de fijar la vista en él (lo que implica un alto grado de sensibilidad del tacto); un lenguaje a trozos, cadencioso y uniforme, regulado por los manuales de instrucción y por la supervisión continua; y el cuerpo todo, en posición de trabajo.
Estas son las condiciones necesarias de acoplamiento para el uso intensivo de la fuerza de trabajo con miras a hacer posible la producción masiva de llamadas, pero en tanto que aquí Telmex trata con el elemento humano y no con una máquina, es necesario evaluar el grado de importancia de esta situación.
Si la operadora no trabaja, no se puede establecer el tráfico manual, o lo que es lo mismo, para este tipo de llamadas todavía la telefonista es el agente principal del proceso del cual depende la realización completa del servicio; ella, por tanto, puede regular la intensidad y la cadencia de su trabajo, la velocidad de sus movimientos en todas las partes corpóreas y mentales que entran en juego. Por muy complejo que pueda parecer el cuadro conmutador y el tablero, éstos no pueden actuar todavía por sí mismos. La operadora cuenta, pues, aún con la voluntad relativa para el desempeño de sus funciones.
Hablando en rigor, el proceso actual del tráfico que atiende la operadora es semiautomático debido a su relativa dependencia de los impulsos que provienen de la central telefónica y a que, para actuar, debe esperar la señalización del cuadro conmutador, aunque dichos mecanismos todavía no consoliden su hegemonía sobre la telefonista porque se trata de un período transitorio hacia la automatización plena de lo que queda de las llamadas de carácter manual. Precisamente por estas características de transitoriedad la operadora cuenta aún con esa voluntad relativa en el control de su cadencia de trabajo.
Entonces, ¿de qué manera se aplasta esa capacidad para regular sus movimientos, gestos y tiempos laborales? A través de la supervisión manual, que en este departamento alcanza numerosas formas: una supervisora por cada 8 operadoras; auxiliares de jefe, subdirectoras y directoras, que conforman todas ellas un cuerpo combinado de elementos humanos para el control y la supervisión sin el cual sería imposible la regulación del trabajo de las 11,839 operadoras. Este cuerpo de supervisión efectúa lo siguientes tipos de control: a) sobre el funcionamiento del equipo y el conjunto de los instrumentos de trabajo (teleboletas, cordones, llaves, etc.); b) sobre el modo de trabajo de la operadora; c) sobre la operadora misma y d) en las restantes supervisoras y auxiliares de jefe. Es el control lo más minucioso posible que puede alcanzar el ser humano en la supervisión y vigilancia, que también se encuentra regulado por los manuales de Telmex.
Aparte de esto, tenemos el llamado “control” automático que se realiza desde una mesa distante, accionado por una supervisora. Aquí de nueva cuenta interviene el factor humano auxiliado de un instrumento similar al de la operadora para su monitoreo. Es, por tanto, un control semiautomático que infunde temor a la telefonista debido a que no se anuncia al momento de que es empleado. Este sistema de supervisión, sumado al modo intensivo de racionalización del trabajo, define el régimen carcelario dentro del cual laboran.
Semejante modo de explotación del trabajo tiene repercusiones directas en la salud de las operadoras. El control de los movimientos más simples, así como de la postura de su cuerpo ante el conmutador, generan enfermedades lumbares; la necesidad de la mirada puesta en la señalización trastorna su sistema visual; el uso continuo de la diadema y de los repiques por las fallas de las centrales electromecánicas atacan la audición; la deformación del lenguaje, por el control, estandarización y uniformidad del mismo impuestos por la empresa; la fijación de la operadora a un puesto de poca movilidad genera las enfermedades renales, gastrointestinales y locomotoras; el excesivo control y el régimen despiadado de trabajo motivan las enfermedades nerviosas y el acondicionamiento del clima a las necesidades del equipo termina por trastornar el sistema respiratorio de estas telefonistas. Súmese a esto la casi infinita cantidad de turnos que rompen el equilibrio familiar. Sin duda, este es un tema que requiere mayor atención, pero las limitaciones de espacio nos impiden extendernos en la conexión entre las condiciones de trabajo  y el mundo familiar, así como las patologías que de ello se derivan.[6]
Como se habrá desprendido de la lectura, esta es una exposición que se auxilia de los propios manuales emitidos por Teléfonos de México, que por cierto tienen cierta validez legal en virtud de que los Convenios de Tráfico los incluyen como métodos de trabajo a seguir. No obstante, al momento que contrastamos esto con lo que sucede a diario en las salas de tráfico y en los contenedores, salta a la vista un régimen de trabajo muchísimo más perfeccionado e intensivo. [7]
Si con lo arriba escrito observamos una forma de trabajo bastante opresiva y triturante para la operadora, en la realidad esto se queda corto, pues con la experiencia de los años en el conmutador se simplifica aún más el trabajo y se eliminan casi por completo los tiempos de reposo que guarda la operadora para su persona.

III     La nueva tecnología

Lo que se ha dado en llamar reconversión industrial hay que nombrarlo por su verdadero significado: el proceso de modernización apoyado en la microelectrónica y la computación. La invención del transistor y la creación posterior de los chips, semiconductores y microprocesadores generaron un cambio radical en la producción. En la telefonía es la creciente sustitución de los mecanismos electromecánicos (en las centrales telefónicas, los conmutadores, plantas de fuerza, mesas de prueba, copiadoras, calculadoras, medios de transmisión, equipos de medición, máquinas de escribir, etc.) por elementos transistorizados, por componentes electrónicos simples y electrónicos digitales.
La modernización empezó por los medios de transmisión, al introducirse los sistemas PCM (Modulación por Codificación de Pulsos) en la década de los años sesenta; posteriormente comenzó a penetrar en los sistemas de conmutación (centrales automáticas) aplicando por ejemplo el control por programa almacenado (SPC, por sus siglas en inglés) a fines de la década de los años setenta. Casi de manera paralela, la computación se introdujo en la rama administrativa y contable, para cobrar mayor auge en la década siguiente. Finalmente, llegaría al tráfico telefónico con intervención de la operadora.
Los efectos del sismo aceleraron la digitalización del sistema de larga distancia. La creación de los cuatro centros de tráfico de LD a base de centrales digitales interconectadas entre sí y con capacidad de mando en cada uno de ellos ante cualquier interrupción de los restantes, sumados a su enlace por radios digitales y fibras ópticas no originaron un simple aumento del tráfico telefónico sino además, por la capacidad y velocidad descomunales a las que trabajan, le dan una cualidad sustancial a la producción masiva antes aludida, reducen los tiempos de establecimiento de la llamada, abaten los costos, hacen más intensivo el uso de los materiales y el equipo, e incrementan la productividad del trabajo a niveles sin precedentes. Además, cuentan con la capacidad para la integración de la telefonía con la comunicación de datos y el video, apoyándose en la red de Telmex, usualmente conocida como Red digital de Servicios Integrados (RDSI). Aunque por el momento no afectan en forma esencial las actividades de la operadora, sin embargo ya penetraron en este terreno, pues durante todo el tiempo que ha permanecido la intervención irregular de las operadoras derivada del sismo, las llamadas se han cursado en todas sus fases, incluyendo las actividades accesorias que hacían, sin injerencia alguna de las operadoras.[8]
No obstante, a estas alturas el automatismo ya dio el grito de guerra en el tráfico manual de nueva cuenta; ya retó la supremacía de la fuerza humana de trabajo. Y no es casual. Si en todas partes los componentes electrónicos han desplazado los contactos metálicos y los alambres, ¿por qué no hacerlo ahora en las posiciones de operadora, en la multitud de controles, listados, kardexs y archivos manuales usados en este Departamento?
Hasta el momento, la actividad de las operadoras es vital para esta porción del tráfico; el uso de un mecanismo complejo como la mesa de operadora, los sistemas de medición en las centrales y la infinita diversidad de funciones que realizan, derivada de la muy desarrollada división del trabajo a su interior, concentran demasiado conocimiento en la operadora; hacen de su trabajo una actividad calificada y virtuosa, exige un conocimiento pormenorizado de su proceso de trabajo, todo lo cual representa una amenaza real a Telmex. Esto ha sido comprobado cada que se efectúan las huelgas (cuando se hacen de forma efectiva, y no una caricatura de huelga) ya que, a pesar de los requisamientos por el gobierno federal, la empresa no aguanta más de un mes sin la intervención de técnicos y operadoras tanto porque se viene abajo el equipo de conmutación sin el mantenimiento, como porque la mayor parte de los servicios al usuario de medianos y escasos recursos, así como el tráfico nacional de toda la población, se encuentra a cargo de ellas.
Echemos un vistazo a los instrumentos de trabajo de las operadoras y veremos que a estas alturas ya no empiezan a corresponderse con el desarrollo tecnológico de otros sectores de la telefonía o de otros países: una medición del tiempo con aditamentos electromecánicos, arandelas, listados para el cálculo del costo de la llamada o para la definición de rutas, kárdexs de consulta de información, enlace de circuitos a base de contactos metálicos (jacks y clavijas), cordones alámbricos, etc., etc. Todo esto no hace sino dejar ver la inevitabilidad del cambio tecnológico en este segmento de la telefonía.
¿Cómo es que se va a dar esto? A través de la absorción, a veces repentina y a veces paulatina, por nuevos mecanismos electrónicos de las funciones que actualmente desempeñan las operadoras. La historia del progreso tecnológico es la historia del desplazamiento gradual de la mano de obra del proceso de trabajo, y Tráfico no es la excepción a esta regla. El objetivo de mediano plazo de Telmex consiste en la implantación de las terminales digitales de computadora para el poco tráfico manual que vaya quedando pero, mientras tanto, puede –como ya pretende-, servirse de las actuales posiciones y de los mecanismos digitales instalados en las centrales telefónicas para comenzar el despojo de la materia de trabajo y pasarla aquellos mecanismos y a las computadoras.
No sobra decir que el sistema actual de trabajo es el que le va a servir de base para la automatización, es decir, el taylorismo. Este sistema se apropió de las facultades físicas, sensoriales y pensantes de la telefonista para canalizarlas a una producción masiva; se idearon métodos de trabajo que a través de la supervisión manual y las reglas establecidas se apropiaron de la visión, el lenguaje, la audición, el tacto y el movimiento de locomoción del cuerpo de la operadora –principalmente de las manos, los brazos y el cerebro-; establecieron un modo de trabajo apoyado en la regulación y control de los movimientos más elementales de la fuerza de trabajo, de los únicos mejores, así como de las herramientas más idóneas, y mediante el flujo intermitente de las llamadas anunciadas y realizadas, establecieron este opresivo régimen laboral, empleado típicamente en la industria automotriz.
Pues bien, este modo peculiar de explotación de las operadoras en la actualidad está por convertirse en un taylorismo electrónico o computarizado, junto con escalas mucho mayores en el control y el desgaste laboral. Es un régimen carcelario computarizado. Sus alcances e intensidad dependerán del grado de organización y lucha de las operadoras, principalmente, el cual se servirá de los progresos científicos y tecnológicos para efectuar las siguientes tareas:
a)      Expulsar definitivamente a las operadoras en su labor auxiliar del tráfico a través de la larga distancia automática (LADA).
b)      Reducir aún más el porcentaje del tráfico manual.
c)      De lo que quede del tráfico manual después de realizado lo anterior, automatizar lo más posible las funciones que desempeñen.
d)      Las que no se puedan todavía mecanizar, regularlas con una intervención cada vez mayor de la supervisión y el control automáticos de los mecanismos computarizados.
e)      De lo cual se desprende otro nivel de la automatización: el del control, es decir, la automatización gradual de las funciones que realizan las auxiliares, encargadas, supervisoras, subdirectoras y hasta directoras. Esto provocaría el cambio del conglomerado de elementos humanos para la vigilancia y el control por un mecanismo colectivo de máquinas computarizadas para el mismo fin. Al primero se le puede persuadir para que suavice el trato, para que flexibilice su despotismo y la disciplina, sobre todo si nos encontramos con supervisoras que aún no se deshumanizan del todo, pero con un mecanismo inanimado no se puede negociar, no hay en él sentimientos que explorar para que modifique su rigidez.
Por lo pronto, Telmex ha propuesto la mecanización de las siguientes funciones: tiempo y costo, rutas y tarifas, control de personal, los sistemas de medición, el uso de la optiboleta.
Con las dos primeras avanza el desplazamiento de la operadora en sus funciones auxiliares del tráfico por LADA, facilita la reducción del porcentaje del tráfico manual; y también del que quede, automatiza el trabajo de la operadora en este renglón. Con el uso de la optiboleta simplifica el trabajo de las llamadas tanto automáticas como manuales. Respecto a la automatización de la supervisión, lo propone inicialmente para la medición, el cronometraje y monitoreo de los impulsos eléctricos generados por el usuario, así como para las casetas públicas, pero también dejó ver la posible extensión del control automático para el cronometraje de las funciones de la operadora.
            Finalmente, la automatización del “control de personal” como es tan amplia empleando así este concepto, puede incidir tanto en la maquinización de funciones típicamente administrativas como en el control coercitivo de los movimientos de la operadora o de las funciones de supervisión.[9]
Como se podrá observar, la propuesta inicial de automatización que se anunciara en el PIMES abarca simultáneamente todas las fases anteriormente descritas, lo cual no es de extrañar, ya que en la realidad estos fenómenos aparecen entrelazados unos con otros. Estas proposiciones dejan ver desde estos momentos las transformaciones radicales que ocurrirán en un futuro inmediato en el proceso de trabajo y su organización. Para completar la exposición y derivar de todo esto un planteamiento político-laboral que dé respuesta a la fase actual del automatismo en tráfico, es necesario subrayar las restantes transformaciones que conlleva la actual modernización, algunas de las cuales ya fueron esbozadas más atrás.

IV    Principales transformaciones derivadas del actual proceso de automatización

1.      La absorción de las funciones de la operadora reduce la materia de trabajo y con ello simplifica y descalifica el trabajo, al mismo tiempo que enriquece y complejiza las funciones de las centrales y equipos accesorios de conmutación.
2.      Pero visto de conjunto, paralelo a esta simplificación encontramos el rompimiento paulatino de la tradicional división del trabajo en Tráfico por una nueva, más eficaz y operativa. A su vez, esto genera el rompimiento de las tradicionales formas cooperativas del trabajo por otras donde la asociación de las operadoras es menos numerosa. De hecho, la creación de otros centros de tráfico (como Rojo Gómez o Lindavista) fragmenta la asociación típica de los clásicos centros de trabajo San Juan y Victoria que existiera hasta 1985. Por lo tanto, las relaciones entre las máquinas y las operadoras se extreman y se hacen opuestas: de un lado, tenemos fragmentación, dispersión y rompimiento de la asociación colectiva de las operadoras y de otro lado, una mayor y mejor división del trabajo y un actuar coordinado e integrado de las máquinas. De nueva cuenta, este desmembramiento gradual de las operadoras como cuerpo combinado de brazos humanos reaparece en una cada vez mayor división del trabajo entre las máquinas.
3.      Con la aplicación de los computadores al corazón de la producción misma es posible dotar por vez primera a las máquinas de un lenguaje propio a través del cual ya es posible la comunicación hombre-máquina, lo cual también incide en una mayor descalificación de los técnicos, ya que anteriormente para reparar una falla tenían que interpretar los síntomas que presentaba el equipo, hecho que le exigía un conocimiento pormenorizado del mecanismo.
4.      Las computadoras insertas en los mecanismos de conmutación también permitieron centralizar por vez primera el sistema, como también pueden centralizar el control, el diagnóstico y el mantenimiento remoto de las posiciones de operadora. Al mismo tiempo, logran descentralizar el funcionamiento del proceso al aplicar pequeñas computadoras que logran regular hasta los movimientos más simples y pequeños de un mecanismo, ya se trate de una central, de un concentrador, de un grupo de pantallas (como en el 04) o incluso de un conjunto de posiciones. De igual forma, con esto es posible la concentración de las llamadas del usuario para su posterior distribución entre las diferentes posiciones con el objeto de evitar la saturación de las mismas. Con esto se uniforma la actividad de la operadora en la contestación de las señales del usuario, se regula y se hace más intensiva la jornada de trabajo. la operadora ya no busca la señal, sino esta última a aquélla.
Lo que es ya una realidad de este proceso de centralización y descentralización del sistema es la regionalización del tráfico telefónico, puesta ya en marcha por Telmex.
5.      Pero aquí no acaban las ventajas del control computarizado. Con él también se puede regular, dirigir, controlar y supervisar tanto un fragmento del acto productivo como la totalidad del mismo. Es el caso de las centrales digitales de larga distancia. Pero también, y es lo más peligroso para el STRM, con él también se puede lograr el control no sólo del modo de trabajo de la operadora, sino además la supervisión de sus movimientos personales dentro de la jornada para confiscarle la mayoría de los tiempos muertos que guarda para su persona con el objeto de convertirlos en tiempo productivo. Basta con incorporar al conmutador un monitoreo automático que mida el tiempo en que la operadora no está atendiendo el conmutador para que esto sea una realidad.
Ahora bien, esta clase de control computarizado sobre la telefonista puede llegar tan lejos como ellas lo permitan. Todo depende de su grado de resistencia, de organización y de lucha para evitar semejante bajeza. En adelante, la lucha no será solamente contra el autoritarismo del personal de confianza sino además, contra las formas despóticas insertas en los mecanismos. Habrá de ser necesaria, por consiguiente, la confrontación con Telmex en el diseño específico de las funciones de vigilancia, monitoreo y control de tales mecanismos con el propósito de despojarla de su carácter opresivo.
6.      Pero la calificación y el conocimiento no sólo se concentran en los nuevos equipos. También se apropian de él quienes lo diseñan, dimensionan, instalan, programan, le dan mantenimiento y hasta los operan. Nace así una pequeña élite de analistas y programadores (de confianza) que confiscan el conocimiento de la operadora y lo guardan con mayor celo.
7.      Repercusiones sobre las operadoras. El proceso creciente de simplificación y descalificación del trabajo sustrae a la operadora ese conocimiento que tiene sobre las funciones del tráfico para reaparecer incorporados, más potentes y veloces en los sistemas automatizados de mando. Los cálculos, memorización de datos, mediciones y che-queos que hace la operadora con el tiempo y costo, ahora se le confiscan y los hará un computador. Esta creciente absorción de sus funciones poco a poco le irá quitando su papel de agente principal en el tráfico manual para convertirla poco a poco en un elemento cada vez más accesorios de las máquinas enriquecidas, lo que también creará las condiciones para una mayor regulación de sus actos laborales y para un control más riguroso de su relativa voluntad y de su capacidad para controlar la cadencia de trabajo.
No será lejano el día en que se introduzca a través de un microprocesador un distribuidor automático de llamadas que evite la saturación de los cuadros del conmutador y que con ello se acabe aún más con la capacidad de la operadora para mesurar la intensidad de su trabajo. por lo pronto, lo que está ya en marcha acentúa la monotonía del trabajo y con ello la rutina; uniforma con mayor rapidez sus funciones (recuérdese el caso de la uniformidad de los trabajos en el telefoto), lo cual va acabando con la imaginación y la creatividad productivas, con su autosatisfacción.
Automatizar implica sustracción de nuestra materia de trabajo por los nuevos equipos, significa quitarle contenido a la actividad desplegada como telefonistas al simplificar al máximo nuestras tareas para hacerlas más repetitivas y uniformes. El uso de las pantallas de video acaba con los cambios periódicos de rutina, con la variedad de formas de trabajo e implanta un teclear monótono. Inclusive, acentúa la fijación de la operadora a un lugar específico de trabajo, eliminando cada vez más su relativa movilidad interna. Es el caso de las operadoras del 04 y las del 05.
Finalmente, al romper poco a poco las formas cooperativas del trabajo y reducir su participación en el tráfico manual, se va perdiendo la resistencia colectiva tradicional de las operadoras, se va fragmentando la fuerza de la unión y la importancia de su papel en el proceso de conmutación, se va diluyendo asimismo la importancia política que representan en el conjunto del sindicato.

V    Conclusiones

Hasta aquí hemos descrito las principales transformaciones del actual cambio tecnológico así como las consecuencias más importantes sobre el proceso laboral de las operadoras y sobre su persona. No obstante, esto también tiene su lado positivo, factible de aprovechar por los telefonistas para su fortalecimiento y desarrollo.
Al ocurrir una nueva división interna del trabajo, necesariamente vendrá un reacomodo de las operadoras de sus funciones tradicionales para acoplarse a lo nuevo. Generalmente es Telmex quien impone esta nueva forma de trabajo y de asignación de las operadoras a otros puestos, donde por la automatización y simplificación de tareas queda más tiempo susceptible de ser aprovechado para hacer más productiva la jornada o bien, para mayores ratos de descanso que puedan beneficiar a las operadoras. Esto exige de las mismas un conocimiento lo más exacto posible de su proceso de trabajo actual a fin de que cuando vengan lo cambios se tenga una propuesta clara que vaya eliminando tanto el régimen carcelario como transformando el modo súper racionalizado del trabajo por uno más flexible y menos dañino. Se tiene que negociar la nueva asignación de los puestos dentro del sector de tráfico tomando como base la abolición de dicho régimen y el beneficio lo más extenso y diversificado posible dentro de la jornada de trabajo (con mayores ratos de descanso, trabajos menos pesados y rutinarios, etc.).
Además, como a medida que progrese la microelectrónica y la computación en el departamento de Tráfico se irá simplificando más el trabajo y con ello se tornará mucho más productivo, tendremos las bases técnicas para la reducción de la jornada a seis horas, así como la simplificación de los turnos y la eliminación de los mixtos.
Al integrar las comunicaciones a un solo sistema aparece una infinita serie de nuevos servicios. De por sí, con el equipo actual con que cuenta Telmex es posible diversificar las funciones de la operadora, tal y como ya lo plantea en el PIMES. Pero además, tomando en cuenta la conmutación digital integrada (voz, datos y video) se amplía aún más el abanico de servicios posibles, que rebasan con creces las funciones que se automatizan, y abren espacios de trabajo mayores a los que se cancelan por la automatización del tráfico manual. Todavía se extiende más la materia de trabajo al diversificar los servicios de operadora en áreas tales como la educación, la información, la recreación, la vivienda, la medicina, las finanzas, etc., etc. que por ningún motivo debemos dar por cancelados, sobre todo teniendo en puerta la amenaza de la reducción de un número considerable de operadoras.
Por otra parte, si se van a automatizar funciones típicas del tráfico, los equipos que ahora las absorberán deberán ser dimensionados, programados y operados por las operadoras mismas, y no por personal de confianza. El conocimiento sustraído a las mismas no debe salir de Tráfico; aún más, ellas deben tener acceso a los centros de investigación y desarrollo de la empresa con el objeto de que ellas mismas sean quienes desarrollen y acoplen las tecnologías y las nuevas formas de organización del trabajo acordes con sus intereses y con los de la población entera, y no exclusivamente en beneficio propio y del gran capital, como lo conciben Telmex y el Estado mexicano.
Lo que está en el centro del debate no es el rechazo al cambio tecnológico, ni mucho menos. Es la forma unilateral y despiadada en que estos últimos pretenden introducirla, pisoteando los derechos y conquistas ya alcanzados, pagando el costo de su introducción con la expulsión masiva de los trabajadores, confiscando y reduciendo nuestra materia de trabajo. Ya no estamos en los años veinte para que se repita de nueva cuenta la historia, y aunque todavía a los telefonistas nos falta mucho por recorrer y aprender, sin embargo contamos con la experiencia acumulada de más de 15 años que nos ha legado el movimiento obrero mexicano y con nuestro pasado inmediato, tan rico en experiencias político-laborales.

Propuestas mínimas de lucha
 De las consideraciones anteriormente expuestas se desprenden las siguientes tareas:
1.      La reducción de la jornada a seis horas.
2.      La implantación de mayores ratos de descanso durante la jornada
3.      La jubilación a los 25 años de trabajo sin límite de edad
4.      Aumentos salariales acordes con los incrementos de productividad.
5.      El rechazo a la reducción de personal y a los reacomodos.
6.      La difusión de todos los prouectos de modernización que afecten a tráfico
7.      Por una capacitación integral a las operadoras en las nuevas tecnologías.
8.      La participación de las operadoras en la investigación, diseño, dimensionamiento, programación y operación de las nuevas tecnologías.
9.      La abolición del régimen carcelario de trabajo.
10.  Por la apertura de nuevos servicios para tráfico derivados de la modernización.
11.  Por la simplificación de los turnos.
12.  Por la definición conjunta Telmex/operadoras de una nueva organización del trabajo.
13.  Por la abolición de todo control automatizado o semiautomatizado sobre la operadora.
14.  Por la reducción sustancial de la supervisión humana.
15.  Por la participación de las operadoras en la definición de sus condiciones de trabajo.
16.  Por el reconocimiento de las enfermedades profesionales y la prevención de las que generan las nuevas tecnologías.
17.  Por el rescate de la materia de trabajo sustraída por el personal de confianza, la Dirección General de Telecomunicaciones (la telefonía rural) y otras instituciones.


Apéndice
 Las propuestas actuales de Telmex para la modernización del trabajo en el Departamento de Tráfico podemos resumirlas de esta forma:
a)      La regularización de la materia de trabajo.
b)      La creación de nuevos servicios que pueden ser desarrollados a partir de la tecnología actual.
c)      La automatización del 01, 02, 04, 05, rutas y tarifas, el uso del teclado alfanumérico y de posiciones de nueva tecnología.
d)      La descentralización y reconcentración del tráfico local, nocturno, nacional e internacional, lo que propicia a su vez la relocalización de las operadoras en el Área Metropolitana y a nivel nacional
e)      El cierre de la contratación de operadoras de nuevo ingreso.
f)       La liquidación de las operadoras sobrantes después de haberse agotado los medios anteriores (aproximadamente 9 mil).

Con la automatización así propuesta, Telmex asoma los dientes sin tapujos. Hace recaer en las operadoras plenamente el costo social de este cambio. ¿Regularizará por completo la materia de trabajo como se encontraba hasta antes del sismo, o bien sólo aquellas funciones para las cuales no existe por el momento mecanismo automático alguno que las absorba? En segundo lugar, ¿acaso ya exploró todos los servicios posibles de crear con el grado actual de automatización o únicamente pone en marcha aquellos que en otros países han confirmado su rentabilidad?
Las operadoras deben cerciorarse de que la regularización de las funciones planteadas por la empresa sean todas con la que contaban anteriormente; de igual forma, deben ganar los espacios necesarios para participar en la definición de los nuevos servicios a implantarse. Para ello, no es suficiente con la formación de una comisión que centralice estas tareas, sino además y principalmente la participación de todo Tráfico en el debate de estos asuntos.
Las propuestas sobre automatización hoy se diferencian de las planteadas en el PIMES por cuanto agregan el uso del teclado alfanumérico, de posiciones de nueva tecnología y la puesta en marcha de la descentralización y reconcentración del tráfico nocturno, local, nacional e internacional, lo que revoluciona casi por completo su proceso de trabajo.
Por tanto, ha llegado la hora en que las operadoras mismas definan de manera precisa una propuesta alternativa y viable sobre el cambio tecnológico que defienda lo hasta hoy ganado. Hoy es un asunto práctico disputar a la empresa la redefinición de la organización del trabajo, de confrontar propuestas específicas sobre la forma y el modo de trabajo, sobre la manera en cómo abrir nuevos, variados y rentables servicios cuya supervivencia evite la liquidación de las operadoras; sobre la manera más adecuada del empleo que reportan las facilidades de la modernización para acabar con el régimen carcelario que las ha oprimido durante tantos años; sobre la definición de sus condiciones de trabajo, su capacitación, la prevención de los riesgos profesionales, etc.
Todas las propuestas hechas anteriormente sobre la modernización adquieren un significado práctico y de hecho son la plataforma de lucha de este período, no sólo para las operadoras sino también para el conjunto del sindicato. De ellas, adquieren una importancia primordial la reducción de la jornada de trabajo y la lucha por la concesión de los nuevos servicios derivados de la comunicación integrada. Asociadas con todas aquellas tareas que impiden la reducción o sustracción de la materia de trabajo tales como la reducción sustancial del personal de confianza y el rescate de las labores sustraídas, estos son los dos ejes de acción que distinguen por completo las dos concepciones sobre la modernización (la de la empresa y la de la base telefonista), particularmente en tráfico.
La empresa para nada toca estos puntos y condiciona el recorte de personal a proposiciones que de antemano se sabe son insuficientes para absorber toda la mano de obra. Nosotros planteamos: ¡practíquese una reducción sustancial  de la jornada, dispútense al Estado los nuevos servicios; ábrase la participación a las operadoras sin burocratismos para que definan conjuntamente con Telmex todos los pasos graduales de la automatización y sus efectos, y veremos si de esta manera acaso sobran operadoras por emplear! Tal es la diferencia principal.[10]

MOVIMIENTO DEMOCRÁTICO TELEFONISTA
Marzo de 1989



[1] Dicho Programa fue diseñado por Teléfonos de México en 1987 y tenía como propósito general mejorar el servicio de manera sustantiva, pero en realidad fue una iniciativa para poner a la empresa en mejores condiciones para su posterior venta en 1990. Las cifras las consideramos relativas por la manera tendenciosa de Telmex en el manejo de los datos, aunque no por ello dejan de revelar el creciente automatismo en este sector.
[2] Las referencias de este capítulo fueron tomadas de Telmex. Manual de la Operadora y Manual de la Auxiliar de Jefe y Encargadas. 1984
[3] Se llama así al sistema de trabajo que simplifica hasta el extremo el modo de trabajo del obrero para hacerlo más productivo. Se apoya en la determinación de los tiempos mínimos de operación, en el modo más simple y efectivo de realización de las labores, en el empleo de los instrumentos de trabajo mejores y más eficaces y en la eliminación de los ratos de descanso, por citar sus características más relevantes.
[4] Denominan posición al puesto de trabajo que ocupa la operadora frente al conmutador.
[5] Subrayados míos.
[6] Para una lectura más detallada al respecto, véase Támez, Silvia.  Coloquio sobre Salud y Seguridad en el Trabajo en México. DEP, FE/UNAM. Octubre de 1984 y Cruz, César. Condiciones de trabajo en la industria telefónica. Tesis de Licenciatura. FE/UNAM, 1984.
[7] Los contenedores fueron instalaciones temporales que instaló Telmex poco después de los sismos de 1985 para que laborara un pequeño fragmento de operadoras.
[8] Durante varios meses posteriores al sismo de 1985 no sólo se instalaron temporalmente los contenedores en las instalaciones de Telmex, sino además, una gran cantidad de operadoras se mantenía deambulando frente a las instalaciones del Sindicato, mientras que la empresa aprovechaba con creces la situación para automatizar su proceso laboral.
[9] Recientemente [marzo de 1989], la empresa anunció la computarización de las funciones del Departamento de Oficinistas de tráfico, dejando entrever la posibilidad de la reducción de su escalafón.
[10] Imágenes de El Fisgón, Magú y Telmex. Revista Voces. Ideas y collage de Poncho Coyote