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sábado, 24 de enero de 2015

Lo que ganó Carlos Slim en 2014


Fibra Sindical No. 5

Por Miguel Ángel Lara Sánchez



El salario promedio de un telefonista activo bajo el contrato Telmex/STRM anda rondando los $570.00 diarios nominales. Considerando las prestaciones, es poco mayor de $910.00 diarios, pero quitándole un 32% por pago de impuestos, es de alrededor de $620.00. Esta cantidad nos debe alcanzar para comer, vestir, para vivienda, para la educación, la cultura, las actividades deportivas y para las recreativas de toda la familia. Todo, como dice la Constitución, para satisfacer normalmente nuestras necesidades.
Por ello, los telefonistas, y sobre todo, las mujeres, que son las que por lo regular administran el ingreso y el gasto familiares, hacemos magia con esos 620 pesos para tratar de vivir de manera digna.
Sin embargo, con el paso de los años hemos resentido el deterioro creciente de nuestro salario. Hace unos 40 años se comía mejor, se vestía mejor, se vivía en casas más amplias y confortables, y en general la recreación era de mejor calidad.
Pero llegaron los años 80 y la economía se petrolizó; el presidente prestidigitador que se convirtió en perro, López Portillo, nos dijo que nos preparáramos para “administrar la abundancia”. Luego otro presidente, Salinas,  nos dijo que ya habíamos escalado al “primer mundo”; Zedillo nos cargó una deuda eterna para salvar a los banqueros y finalmente los tres últimos presidentes nos hundieron en la peor crisis política y social como no había ocurrido desde la masacre de 1968.
Como La Bartola, esos 620 pesos deben estirarse y estirarse para que alcance. Aunque en realidad ya alcanzan para menos. Hay que soportar los gasolinazos, la devaluación del peso, la inflación real, las millonarias raterías de los diputados, senadores y las de toda la alta burocracia: desde los directores de secretarías, ministros de injusticia  hasta el presidente. En fin, hay que soportar esta pesada carga parasitaria que forma todas las estructuras del Estado. Y de paso, también tenemos que saciar los apetitos de los vividores sindicales. Todo con $620.00
Esto es lo que ocurre al trabajador telefonista. Nuestra vida, como en los mayas, aztecas o toltecas, es el inframundo. Sólo que en estas culturas los muertos eran quienes lo habitaban; pero en el siglo XXI, son los trabajadores asalariados quienes poblamos este submundo.
Distinto es aquél que vive en el mundo que decían los ex presidentes. ¿Quiénes habitan el mundo de la abundancia, del disfrute y la despreocupación por el pan de cada día? Los Servitje, los Azcárraga, Hernández, Larrea, Slim, etc.
En ese otro mundo las cosas son muy diferentes a las nuestras. Sabido es de todos que nuestro principal patrón brinca del primero al segundo lugar entre los millonarios más ricos. Veamos uno de los por qués.
Ya se empieza a publicar en las revistas internacionales lo que ganaron en 2014.[1] Carlos Slim ganó 3,500 millones de dólares, a pesar de los líos regulatorios en que lo ha metido la lucha depredadora por el mercado de las telecomunicaciones y a pesar de la caída de los precios del petróleo. Si los convertimos a pesos,[2] habrá ganado  52 mil 255 millones de pesos en 2014, o sea, $143 millones 164 mil 383 pesos diarios.
Si dividimos este ingreso diario entre las 8 horas que comprenden una jornada normal de trabajo para poderla equiparar con lo que gana un telefonista promedio en una de sus ocho horas de labor, resulta que el Sr. Slim ganó 17 millones 895 mil 548 pesos por hora, mientras que el telefonista de salario medio ganó apenas $77.50.
Comité Editorial: Jorge Zambrano González. (Querétaro, Qro.); Arturo Figueroa Saucedo, (Hermosillo, Son.); Hugo Márquez Madrigal (Lagos de Moreno, Jal.); Jesús Cuevas Ortiz, Melesio Ávalos Méndez, Miguel Ángel Lara Sánchez, Pablo Ángel Lugo Colín,  Ramón E. Félix Vázquez, Rosa María Ortiz Camacho y C. Benito Méndez Castro (Sección Matriz).
Correo de la Asociación:
Los artículos firmados no necesariamente reflejan la opinión del Comité Editorial.
En el mundo real una hora del salario de un trabajador telefonista equivale a una comida corrida en los restaurantes cercanos al edificio central de Telmex en la Colonia San Rafael sin lujos ni disfrutes especiales. .Por el contrario, nuestro patrón alcanzaría a pagar 230,910 comidas corridas con lo que gana en una hora. O también podría comprar con esa cantidad ocho departamentos en la Colonia San Rafael. La multa que a mediados de enero de este año le impuso el IFT de 14.4 millones de pesos la pagaría con lo que gana tan sólo en 48 minutos.
Con lo que percibe el Sr. Slim en una hora se alcanzaría a pagar un salario diario a 255,286 obreros que ganen el mínimo.
Pero existe una pequeña gran diferencia. Lo que gana un telefonista al día es resultado de su trabajo, mientras que lo que gana el Sr. Slim es resultado del trabajo de otros, de sus trabajadores: telefonistas, mese-ras, albañiles, electricistas, petroleros, terceros, etc. Es riqueza apropiada resultado de la explotación del trabajo ajeno.
¿Bajo qué formas, métodos y mecanismos? Es lo que trataremos en el siguiente número.


[1] Ver el portal de Bloomberg en Internet, por ejemplo.
[2] Al tipo de cambio del 13 de enero de 2015, que fue de $14.93 por dólar.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Desincorporación de activos en telecomunicaciones y vacíos de información



Exigimos el derecho a ser informados

Los sectores de la economía nacional que no fueron afectados por la apertura comercial signada en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, tales como los hidrocarburos, el gas, la industria eléctrica y las telecomunicaciones ahora fueron el botín tanto para los grandes ricos del país como para el capital extranjero. La rapiña y el robo, el desmantelamiento y la destrucción de las cadenas productivas de esos sectores fueron legalizadas con los cambios recientes a las diversas leyes.
Una de estas reformas, llamadas estructurales por el grado de afectación, es la de telecomunicaciones con sus leyes secundarias, que va totalmente dirigida a repartir el mercado de telecomunicaciones en tres grandes monopolios y que tiene implicaciones directas en los derechos laborales de los telefonistas y en su materia de trabajo, particularmente en el contrato colectivo firmado con Telmex.
Al considerar tanto a Telcel como a Telmex como un monopolio “preponderante”, se van contra su peso en el mercado mexicano de telecomunicaciones. Pero esta reforma no afecta a Televisa ni a TV Azteca, ya que el actual presidente impuesto por la oligarquía ha cuidado celosamente a estas cadenas televisoras, pues fueron ellas quienes llevaron a Peña Nieto a la presidencia. No las perjudica y por el contrario las beneficia en todos los sentidos.
Pero aún con todo lo bien armado de este teatro, los telefonistas no debemos bajar la guardia ante la posibilidad de que este reparto del mercado sea aprovechado para golpear nuestros derechos laborales y nuestro empleo, pues no sería la primera ocasión en que Slim aprovecha las circunstancias para reducir costos pasándonos la factura a los trabajadores, haciéndonos creer que esto se debe a los cambios en las reformas mencionadas.
Por los medios informativos los telefonistas sabemos que los dueños de América móvil y Telmex contrataron al Banco de América para vender una parte de estas empresas o una parte de su mercado. También por las noticias periodísticas, paradójicamente de aquellos columnistas que están al servicio de los Azcárraga y los Salinas Pliego, se ha comentado una probable forma de venta consistente en venderle a AT&T el segmento de telecomunicaciones que conforman básicamente los estados de la franja del Golfo de México. Pero estas son noticias sólo de medios informativos.
Lo lógico, lo razonable, sería que a través de los directivos de Telmex y América Móvil, así como de la dirección nacional del Sindicato de Telefonistas, supiéramos de manera directa y oficial la manera en que se pretende vender parte del negocio para dejar de ser “preponderantes”, a fin de que el Instituto Federal de Telecomunicaciones pueda autorizar a Telmex el acceso al negocio de la televisión.
Pero nada. Ni la familia Slim ni el vetusto líder de los telefonistas, Hernández Juárez, abren la información a los trabajadores. Cuando este último da la cara, sale con el desgastado y viejo discurso del apocalipsis telefonero para después erguirse como el único, el indispensable, el semidios que todo lo va a resolver. Pero de información precisa y clara, tampoco hay nada.
¿Es que cuando uno contrata a alguien para vender algo, por ejemplo, un inmueble, no sabe aún cuánto va a pedir, qué va a vender, en qué condiciones lo va a hacer? Por supuesto que sí. Si yo contrato a nada más y nada menos que a uno de los bancos norteamericanos más importantes de la economía mundial para vender parte de mis bienes es porque ya sé exactamente qué voy a vender y cómo lo voy a hacer.
Pero sin embargo, a más de una semana de que esta noticia salió a la luz, a los trabajadores telefonistas se nos oculta la información. Es inconcebible que en las reuniones y asambleas de los telefonistas el Secretario General del sindicato finja demencia.
¿Qué hay con la materia de trabajo de la que somos titulares? ¿Qué hay de aquellos puestos de trabajo que saldrán afectados por la venta? ¿Qué pasará con los derechos laborales amparados en el contrato colectivo de trabajo? A todo esto se le escurre el bulto, a pesar de que legalmente quedó establecido que no habría afectación a los derechos laborales de los trabajadores.
Pero el vacío de información genera la duda y motiva la incertidumbre. Tanto los dueños del negocio como los “dirigentes” sindicales están obligados a darnos información y sobre todo, certidumbre, pues la ley no dice que se repartirá el sector de telecomunicaciones a costa de los derechos de los trabajadores.


TELEFONISTAS MEXICANOS ACTIVOS Y JUBILADOS
Septiembre de 2014